"Somos un sex shop o tienda erotica totalmente ecológica", explica a dpa Anne Bonnie Schindler.

Berlín, Alemania.- ¿Es posible ser ecologista en la cama? La alemana Anne Bonnie Schindler cree que sí, y para conseguirlo creó un sex shop -  tienda erotica en Berlín con la premisa de no utilizar ningún elemento con componentes animales o que haya causado daño a seres vivos, siguiendo las pautas de la filosofía del veganismo.

La tienda lleva el nombre significativo de «Other Nature», es decir, "otra naturaleza", y se encuentra en el barrio de moda y de marcha Kreuzberg. Su premisa: sexo políticamente correcto especialmente dirigido a mujeres. El cuero y todo el resto de productos hechos con animales son tabú. Por ejemplo, los látigos para las prácticas sado-masoquistas están fabricados con ruedas viejas de bicicletas. También son sustentables los condones y los productos para la regla. Todo en una época en la que ser vegetariano, y "vegano", su expresión más amplia, está bien visto y es "cool".

"Somos un sex shop totalmente ecológica", explica a dpa Anne Bonnie Schindler, una joven que viste una camiseta con una calavera y lleva un peinado que recuerda la onda punk. En el mostrador hay folletos y pins y en las paredes dibujos eróticos al pastel. El ambiente, con varios sillones, se parece más a un café alternativo que a una tienda tradicional de juguetes eróticos.

Además de libros y revistas, el negocio vende vibradores de diversos colores y "copas menstruales", una especie de pequeños embudos que sirven como una alternativa ecológica a los tampones y compresas porque son reutilizables. También hay adornos para llevar en los pechos e invitaciones a conferencias y charlas sobre sexo.

Al parecer, Berlín atrae a una nueva generación de jóvenes feministas que van más allá de las consignas tradicionales. «Other Nature» es un ejemplo, aunque también hay otros sex shops que buscan atraer especialmente a mujeres. En el caso de la pornografía, la tienda coincide con las ideas de la activista Annie Sprinkle. "La respuesta a la mala pornografía no es nada de pornografía, sino el esfuerzo por hacer una mejor".

Anne, de 31 años, y su socia Sara Rodenhizer, de la misma edad, están en contra de las luces rojas y las cortinas de látex detrás de las cuales pueden esconderse los clientes. A quien le dé vergüenza comprar vibradores o látigos puede reservar una cita en privado. Según explican las dos dueñas, la clientela es muy variada y va desde personas muy jóvenes a mujeres de más de 50.

Por ello, las dos quieren crear una "atmósfera como de sala de estar", y para eso ofrecen asimismo "pasteles veganos", hechos sin derivados de la leche ni huevos. Su objetivo es ser, no solo veganas, sino también abiertas a todas las identidades sexuales, de modo de que cada cual pueda vivirlas como quiera.

"Eso también quiere decir que está todo bien si eres hetero", explica Anne guiñando un ojo. Berlín es una ciudad "increíblemente tolerante" y por ello el "sitio perfecto" para un negocio como «Other Nature», dice sonriente.

Un ejemplo a seguir y que cada vez sera más común en nuestras ciudades.

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